Historias de vida a través del encuentro de pintores

Lucila Casallas y David Fernando Bejarano Piñeros, hacen parte de las generaciones que han crecido en múltiples aspectos con el encuentro de pintores. Ella, una mujer emprendedora a quien el encuentro le enseñó que con esfuerzo y constancia se logra cualquier objetivo. Él, un colegiuno de 19 años, que dio sus primeros pasos entre lienzos, bastidores y módulos de exhibición en el salón comunal, transformado en galería para el encuentro.

Lucila recuerda que antes del encuentro, el salón comunal era solo un sitio para celebrar fiestas, el parque para caminar y charlar con los amigos, y que eso y jugar baloncesto en la cancha de la escuela, eran las únicas actividades de esparcimiento con las que contaban los jóvenes de Pradilla, una inspección con esa pasividad tan característica de los contextos rurales. Cuando en el año 89 recibió de la junta de acción comunal la noticia de que la inspección sería la sede de un encuentro departamental de arte, también percibió la renuencia de muchos que se negaban a pensar que algo tan ajeno a esa cotidianidad pudiera funcionar allí; sin embargo, el entusiasmo de Rosalba Salazar Gallo, Nora Beltrán, Margarita Sánchez, Marinse Torres, Miguel Montenegro, el profesor Bohórquez, impulsaron sus ganas de trabajar y junto con otros jóvenes de la inspección, decidieron conformar un grupo de danzas aprovechando su experiencia y sensibilidad para esta actividad. Juventud 2000, como se autodenominaron, pasó a ser la cuota folclórica del evento, a través de la cual los jóvenes de la inspección se vincularon a su organización.

Lucila recuerda la gran emoción que precedía a cada encuentro y, sobre todo, “el empoderamiento de las mujeres que trajo consigo”, “fuimos las mujeres las primeras en creer en el encuentro de pintores” – afirma con vehemencia. David solo tiene gratitud con el encuentro, pues como él afirma, es quien es gracias a este, y sabe que su forma de ver el mundo, de “ver más allá” – como dice él -, e incluso la elección de la carrera profesional que está cursando, se lo debe a haber tenido contacto desde muy temprano con un escenario cultural tan importante; “empecé, siendo muy niño, alcanzando una silla cuando se necesitaba, luego estuve al frente del recibimiento de los artistas y terminé siendo coordinador de sala, siempre a disposición de la comunidad”, cuenta David.

Para Lucila, el principal aporte que le ha hecho el encuentro a Pradilla es, además del empoderamiento de las mujeres, la posibilidad de hacer visible la inspección para el resto del departamento; la conquista de toda una comunidad que acogió la cultura como un nuevo lenguaje para hablar, para comunicarse e identificarse los unos a los otros al decir “sí, soy de Pradilla, cuna del arte en Cundinamarca”, y se transformó con esta, “pasamos de ser simplemente un sector por el que pasaban los buses que iban para otro lado, a ser la cuna de pintores del departamento”. En el caso de David, el principal aporte ha sido la “unión” que se ha suscitado en la comunidad en torno al encuentro, “nos ha permitido dejar las diferencias de lado y trabajar por una misma causa que es sacar adelante el evento, y lo más importante, que tanto los artistas como quienes visiten la inspección se sientan como en casa, porque los acogemos como si fueran parte de nuestra familia. Los comerciantes se unen poniendo productos para hacer el almuerzo que brindamos a los artistas, las señoras de la inspección lo preparan, mientras toda la comunidad pinta sus casas, así como preparando una celebración familiar”, expresa David con gran emoción.

Para ambos, las noticias en torno a la pandemia por COVID-19 además de representar la preocupación común en torno a la salud, trajeron nostalgia y resignación ante lo que era una posibilidad inminente, la cancelación del encuentro; por esta razón, recibieron con júbilo la comunicación de que este año sería virtual, “algo que nunca se ha hecho, después de treinta años que sea virtual, nos abre muchas posibilidades ante el mundo”, dice David, para quien esta será la oportunidad de hacer que esa unidad que ganaron gracias al encuentro, trascienda la inspección, “unidos a pesar de la distancia”, afirma. Lucila agradece la iniciativa de la alcaldía municipal, pues como ella afirma, “representa una alternativa de vincularse a los cambios y a la reinvención que está viviendo el mundo entero”, oportunidad también de mostrar la calidez humana de una comunidad a la que el arte y la cultura le inyectaron la unidad y la esperanza necesarias para superar cualquier pandemia.